La reciente operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa, generó una fuerte sacudida política internacional. En México, las reacciones de los partidos políticos evidenciaron profundas diferencias ideológicas sobre temas como soberanía, intervención extranjera y defensa de la democracia. Esta división marcará la agenda política y diplomática en los próximos meses.
Morena y aliados: firme rechazo a la intervención extranjera
El grupo parlamentario mayoritario, conformado por Morena, el PT y el PVEM, se pronunció en contra de la acción militar unilateral de Estados Unidos. En un comunicado conjunto desde el Senado, expresaron respaldo total a la política exterior del gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Los legisladores subrayaron que México mantiene una tradición diplomática basada en el respeto, el diálogo y la cooperación. Rechazaron cualquier acción militar que vulnere el derecho internacional y recordaron que la Constitución mexicana establece principios como la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.
Morena también difundió un mensaje institucional donde calificó la intervención como una transgresión grave al orden jurídico internacional. Insistieron en que solo el diálogo y los mecanismos multilaterales pueden resolver conflictos de esta naturaleza.
Movimiento Ciudadano: defensa de principios internacionales
Aunque menos contundente en su mensaje, Movimiento Ciudadano también rechazó la intervención estadounidense. El partido afirmó que la solución a la crisis venezolana debe surgir desde el interior del país y en apego al respeto internacional. Subrayaron la importancia de los organismos multilaterales y del acompañamiento democrático, pero sin acciones militares ni imposiciones externas.
PAN y PRI: celebran la caída del régimen de Maduro
En contraste, el Partido Acción Nacional (PAN) aplaudió la captura de Maduro. El partido sostuvo que la intervención representa el fin de una “narcotiranía” que violó derechos humanos y destruyó la democracia en Venezuela. En su pronunciamiento, el PAN denunció que más del 80 % de los venezolanos viven en condiciones de miseria y que el régimen de Maduro expulsó a más de 8 millones de personas.
El PRI también celebró el hecho. Afirmó que la caída del mandatario venezolano representa el colapso de un régimen autoritario que canceló libertades y sometió al pueblo mediante el miedo. El dirigente del partido, Alejandro Moreno, reforzó esta postura en redes sociales, calificando a Maduro como “dictador” y “delincuente internacional”.
Ambos partidos coincidieron en que el fin del gobierno chavista podría marcar un nuevo inicio para Venezuela y servir de ejemplo para otros países de la región.
Implicaciones regionales y diplomáticas
La reacción dividida de los partidos mexicanos refleja un viejo dilema en América Latina: ¿cómo equilibrar el respeto a la soberanía con la defensa de los derechos humanos y la democracia?
Mientras unos ven la caída de Maduro como un triunfo democrático, otros alertan sobre los riesgos de legitimar intervenciones extranjeras sin aval multilateral. Este debate tendrá consecuencias en las relaciones internacionales de México y en su liderazgo regional en temas de paz, cooperación y defensa de principios jurídicos.